lunes, 11 de diciembre de 2017

La Iglesia se confiesa: entrevista al Cardenal Rouco Varela



La Iglesia se confiesa: Ni anarquismo, ni memoria histórica, ni referéndum por la autodeterminación, ni nada que no hubiese apoyado Franco

“Bueno a mí no me extraña que en el ambiente general respecto a la moral personal y la moral sexual, que domina actualmente en la sociedad, de un relajamiento ético sin fronteras ni privadas, ni públicas, suceda lo de Pamplona” declara Rouco Varela interpelado por La Manada.
Una entrevista al Cardenal Rouco Varela, referente de la Iglesia católica en España, deja claras sus coincidencias ideológicas con el Ibex, el PPSOEC´s. El régimen se enroca en sus diferentes apéndices. Una entrevista muy plácida con en El Mundo pero que igual fija posición y convierte a decenas de miles de creyentes en apartados de la institución.

A muchos católicos les ha dolido ver recuentos de votos en iglesias durante el 1-O. ¿Cree que la Iglesia, o más concretamente el cardenal Omella, ha sido lo suficientemente clara con los curas independentistas?
Creo que la comunidad eclesial en Cataluña ha mantenido y mantiene básicamente la doctrina de la Iglesia sobre la relación de la persona con el Estado, con la comunidad política. Los Estados no existen abstractamente, sino concretamente. Y en el fondo, todos son prácticamente frutos de la historia. Desde este punto de vista creo que la doctrina de la Iglesia respecto a ese hecho (lo que tiene de hecho moral) ha sido respetada. Puede haber excepciones. Puede haber hasta grupos que pudieran apartarse de esa línea, pero a mí no me consta que en general los que ejercen la responsabilidad doctrinal última, o penúltima, (que la última la tiene el Papa) hayan enseñado una doctrina en contra de lo que es la doctrina de la Iglesia al respecto. Que ha habido quien por ejemplo ha colocado urnas en una Iglesia. Pues eso está prohibido por el derecho canónico, por el ordenamiento jurídico de la Iglesia. Para empezar, se trata de un uso profano de un lugar sagrado. Y en este caso, además, implica una actuación que choca con las obligaciones de la Iglesia de respetar el orden jurídico legítimo y legítimamente establecido. Y lo mismo podría aplicarse a los colegios concertados religiosos que participaron en el 1 de Octubre.
Cuando usted estuvo al frente de la Conferencia Episcopal, se votó para decir que la unidad de España era un bien moral. Ahora parece que la Iglesia no lo tiene tan claro.
Esa doctrina no se ha cambiado. La nota de la comisión permanente y la intervención del señor cardenal arzobispo presidente [D. Ricardo Blázquez] en su discurso inaugural de la última Asamblea Plenaria no contradicen la doctrina que la conferencia ha expuesto en dos documentos (de 2002 y 2006) que, por lo demás, revisten la misma autoridad que cuando fueron aprobadas y son de actualidad: el de las causas y consecuencias del terrorismo y el de orientaciones morales ante la situación actual de España. Reconociendo en principio la legitimidad de las posturas nacionalistas verdaderamente cuidadosas del bien común, se hacía una llamada a la responsabilidad respecto del bien común de toda España que hoy es bueno recordar. [El Cardenal lee]. “Ninguno de los pueblos o regiones que forman parte del Estado español podrían entenderse tal y como es hoy si no hubieran formado parte de la larga historia de unidad cultural y política de esa antigua nación que es España. Propuestas políticas encaminadas a la desintegración unilateral de esta unidad nos causan una gran inquietud, por el contrario, exhortamos encarecidamente al diálogo entre todos los interlocutores políticos y sociales. Se ha de perseverar el bien de la unidad, al mismo tiempo que el de la rica diversidad de los pueblos de España».
En la reciente plenaria los obispos han sido más claros, ¿no?
El presidente, sí. Hablando de la relación entre el ciudadano y España en este momento de su vida política y cultural se refirió a la Constitución y al mantenimiento del orden constitucional como un bien. El mantenimiento del orden constitucional garantiza el bien común, y guardar el bien común es un deber moral para los ciudadanos, para todos los que forman parte de una comunidad política. Desde esta perspectiva, fue muy concreto al aludir a la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña.
El obispo de Solsona, los curas contando votos… Hasta Junqueras presume de orar en la cárcel. ¿Se puede ser católico y defender el independentismo?
Efectivamente, un católico sigue las exigencias de la conciencia moral, en la que el valor de la justicia y el valor de la caridad ocupan un lugar central, no puede concluir afirmándose independentista, en el sentido de lo que explican los dos documentos de la Conferencia Episcopal Española. No debe actuar rompiendo la unidad de una forma unilateral. Si se concibe, pues, el independentismo rigurosamente, es decir, como una forma de romper, en este caso, la unidad de España o de cualquier país unilateralmente, no es conciliable con la conciencia católica rectamente formada. Y con respecto a España, hay incluso razones adicionales, podríamos decir, que tienen que ver con los rasgos más hondamente característicos de su historia, que refuerzan moralmente este juicio. En cualquier hipótesis, mi respuesta vale para cualquier Estado. No puede ser que una parte de los ciudadanos, de una parte de un Estado legítimamente constituido, quieran romper unilateralmente la unidad de la comunidad política. No lo deben de hacer, si viven cristianamente. Si viven su vida desde el punto de vista moral y desde el punto de vista espiritual y religioso, en clave de conciencia cristiana, de conciencia católica.
¿Por qué dice usted que España es un bien moral superior?
Porque es la forma histórica, concreta, en la que se configura la comunidad política que asegura a los que formamos parte de ella bienes fundamentales y esenciales: la garantía de la Justicia en su elemento más fundamental de neutralizar la violencia, de evitar, en frase famosa de un filósofo muy conocido del derecho de la Ilustración, que la sociedad se convierta en un teatro fatal de la lucha de omnium contra omnes [de todos contra todos], la seguridad de la convivencia y de la cooperación solidaria para una obtención justa y humanamente fecunda del bien común. El pertenecer o no pertenecer a la comunidad política no es un asunto moralmente libre. Es decir, el anarquismo, considerado y valorado con los criterios propios de la conciencia cristiana, no es aceptable. Por lo tanto, si España es el nombre de la realidad histórica concreta o, lo que es lo mismo, de la comunidad política en la que vives, debes de cuidar su unidad en la justicia, en la solidaridad, en el amor y en la paz. Y no puedes decir que te vas, que rompes unilateralmente con ella porque estás rompiendo un bien muy decisivo para ti y para los demás.
Los independentistas querían que mediaran el abad de Montserrat y el cardenal Omella.
Pues yo he oído un rumor vago, sin más información sobre lo que usted menciona. El Papa naturalmente se manifestó crítico. Se expresó claramente en el sentido de que la pretendida ruptura de la unidad de España no era aceptable.
El independentismo como el relativismo es egoísta.
Bueno, sí podríamos hablar de que efectivamente nos encontramos en la Europa de hoy (no solo en España) con un estado de opinión, intelectual y éticamente muy confuso, respecto al llamado derecho a decidir. Se tiene derecho a decidir sobre realidades y comportamientos que moralmente sean aceptables, pero no hay derecho a decidir de una manera absoluta ni respecto a uno mismo, ni mucho menos, respecto a los demás. El hombre no es la medida de lo bueno y de lo malo; y, consecuentemente, si se impone esa conciencia de que yo lo puedo todo, de que yo puedo decidir de mi vida haciendo lo que me parece sin tener en cuenta mi dignidad personal y a mi prójimo, olvidando el bien común, no es de extrañar que se pueda llegar a posturas independentistas. No hay duda.
¿Ha seguido usted el juicio de ‘La Manada’? Se habla que los chicos están muy influidos por la pornografía, que tienen una concepción del sexo más…
Hedonista, radicalmente hedonista. Bueno a mí no me extraña que en el ambiente general respecto a la moral personal y la moral sexual, que domina actualmente en la sociedad, de un relajamiento ético sin fronteras ni privadas, ni públicas, suceda lo de Pamplona. Que se den estos casos tan brutales, tan lamentabilísimos como lo ocurrido allí. Urge sanar las raíces humanas y espirituales de las que se alimentan estas conductas de jóvenes que hay que calificar como una barbaridad sin paliativo alguno. Si se trata del hecho de una violación, lo sucedido no puede ser más grave. Pero, aunque no hubiera sido así, aunque se tratase de una participación voluntaria de todos sus actores, asistiríamos a un tristísimo exponente de un trato íntimo en las relaciones personales, en el que la dignidad de la persona queda arrastrada por los suelos.
Es que el derecho ahora mismo es líquido también…
Es una palabra que no se suele usar en el lenguaje de la ciencia jurídica, pero sí, el término positivista. El positivismo jurídico es un fenómeno de una larga tradición científica y política, dominante sobre todo en la historia moderna del derecho. Sus manifestaciones más problemáticas se dan en el siglo XX, sobre todo en su primera mitad. Toda la gran crisis europea y mundial que significan la Primera Guerra y, muy especialmente, la Segunda Guerra Mundial, no se explica suficientemente sin tener en cuenta lo que supuso el factor de una concepción del derecho en la que éste era lo que el poder -incluso en el sentido más descarnado y despótico de la expresión- mandaba o prohibía a los ciudadanos. Claro, cuando el derecho se reduce a ser lo que dicta el que tiene el poder, también cuando es ejercido despóticamente, es decir, cuando, en cualquier caso, el derecho se concibe exclusivamente como el resultado del nudo ejercicio del poder y no representa la expresión normativa del ejercicio de una autoridad que se sabe vinculada por el bien del hombre, o, lo que es lo mismo, por el bien de las personas, formulado y garantizado en y con las categorías de los derechos fundamentales de la persona humana y del bien común, pues puede pasar cualquier cosa, y de hecho pasó en la Europa de las dos guerras mundiales. Es buena y provechosa todavía la lectura de la monografía de Romano Guardini Die Macht [El Poder], publicada en el año 1965.

¿Y ahora vivimos una situación parecida, usted cree?
Tentaciones para poder llegar a situaciones similares sí que las hay. Se dice que el Papa Francisco es progresista…La distinción -“progresista”, “conservador”–viene un poco de los años 70, sobre todo, después del crucial 68, y nos ha acompañado hasta hoy mismo. Pero yo creo que quedó superada en la realidad, incluso en la realidad de los medios de comunicación, al menos en un amplio espectro de los mismos, con el pontificado de Juan Pablo II y Benedicto XVI y, por supuesto, con el del Papa Francisco. Hablar ahora de posiciones conservadoras o de posiciones progresistas en la Iglesia relacionadas con las verdades fundamentales de la fe, yo creo que no se puede hablar. No hay ninguna gran corriente teológica que se haya apartado del credo de la Iglesia ni hay ninguna gran realidad teológica o pastoral que se haya separado de las exigencias que para la acción apostólica, la predicación, la celebración de los sacramentos y los principios rectores que rigen la vida cristiana, establecidos en el Concilio Vaticano II y, luego, en el código de derecho canónico que lo refleja y concreta.
¿Qué tal está Benedicto XVI? Usted es de los pocos a los que escribe con una letra pequeñísima…
Le veo de cuando en cuando. Le he encontrado mejor que en junio del verano anterior, no en la movilidad, pero sí en el estado general, bueno, y en la frescura intelectual, en la frescura espiritual, que es muy propia y muy típica de él.
En alguna manera sí que contrasta el discurso de Ratisbona de Benedicto XVI con lo que dijo el Papa Francisco sobre el puñetazo que se le da a la persona que insulta a la madre, hablando de los dibujos de Charlie Hebdo de los atentados…
Lo que afirma el Papa en el discurso de Ratisbona -su tesis de fondo- es que la violencia para imponer la fe está en absoluta contradicción con la tradición cristiana y no sólo con la vivencia religiosa del cristianismo sino también con cualquier vivencia auténtica de lo religioso, incluso en el contexto de las tradiciones islámicas. El Papa Benedicto XVI, en ese discurso, que lo concibe como una lección universitaria en el marco académico de su antigua universidad, -un discurso de un extraordinario rigor teológico y de palpitante actualidad- quiere alertar de los peligros teóricos y prácticos que se desprenden de una experiencia religiosa desligada de la razón, cuando no contraria a ella, y de una razón ajena y cerrada al horizonte de la fe. Según él, hay que superar tanto “las patologías de la fe” como “las patologías de la razón”.Se le criticó mucho…
Sí, se le criticó en círculos relacionados con lo que podía llamarse el islamismo moderado.
No se le interpretó bien. Cuando refiere una cita del emperador bizantino sobre el Islam, no es que la haga suya, sino que le sirve como punto de partida para desarrollar su reflexión teológica sobre la relación libertad religiosa-libertad del acto de fe y libertad política y jurídica.
¿Qué le parece la ley de memoria histórica?, que se vayan a cambiar calles y todo eso…
No es lo más oportuno que se haya podido hacer en el arranque del siglo XXI en España. No se debe olvidar que hemos pasado en la década de los 70 de una situación histórica, dramática y complicada, a una reconciliación efectiva entre los españoles con el proceso no sólo político-jurídico, que significó y significa la Constitución vigente del 78, sino también, con el trasfondo social, cultural y espiritual que lo inspiró y lo sustentó. Deberíamos dar por finiquitada esa visión de una historia de España, partida en dos Españas, que no se reconocen mutuamente, alumbrada por la Ilustración, crecida y debatida intelectualmente al socaire de nuestras dolorosas experiencias históricas de los siglos XIX y XX. Pues no tener en cuenta suficientemente lo que supuso la Transición, su valor -un valor que trasciende lo sociológico y lo político y que alcanza a los fundamentos mismos culturales y éticos de nuestro común camino en el presente y hacia el futuro- o querer revisarlo, de algún modo, ni es oportuno, ni bueno.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

La transición española fue un engaño



La transición española  fue un engaño con la complicidad del PCE y PSOE Que no te cuenten otra historia.

Preguntas: ¿De dónde sale el Rey? ¿Suárez? ¿Cómo se parió la Constitución de 1978? ¿Cuál fue el papel del PCE? ¿Y el PSOE? ¿Santiago Carrillo? No podemos olvidar el pasado, aprender de la memoria histórica para armar las luchas del presente.


martes, 28 de noviembre de 2017

Los negocios del asesino ultraderechista de Yolanda González




«Una vez más un asesino convicto y confeso, miembro del ultraderechista Batallón Vasco Español y de Fuerza Nueva, condenado a 43 años por secuestro, tortura y asesinato de una joven de 19 años, sigue prestando servicios por instituciones y altas esferas del poder», han criticado los familiares y amigos de la víctima.
Con una identidad falsa, el exmilitante de FuerzaNueva y verdugo de Yolanda González, Emilio Hellín Moro, prestó servicios para el Ministerio de Interior. Después de que su vida oculta quedara a cuerpo descubierto, las empresas del informático ultraderechista han trabajado en causas de renombre como por ejemplo el caso Bretón, el espionaje a una pequeña población de Andalucía y la realización de cursos en la Universidad Autónoma de Madrid y en la Diputación onubense. Esta semana ha resurgido su nombre al ser contratado por los concejales del PP en el Ayuntamiento de Valencia imputados por blanqueo a petición del ex letrado de Fuerza Nueva y cuñado de Rita Barberá, José María Corbín.
Toc, toc!, se escuchó. Yolanda González, una joven militante del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), una escisión del PSOE, abrió la puerta cuando el sol se escondía. Sola en el piso que compartía con su novio y con otra militante del PST, se encontró en la puerta con unos falsos policías que formaban parte de un comando del Batallón Vasco Español. González fue interrogada, torturada y secuestrada hasta un descampado por los también integrantes de la ultraderechista Fuerza Nueva. Emilo Hellín, uno de los militantes de la formación que dirigía Blas Piñar, le pegó dos disparos a la cabeza. La joven, rematada por el disparo de gracia del fascista Ignacio Abad, se añadió en un triste 1 de febrero de 1980 al listado de víctimas del terrorismo de extrema derecha durante la transición española.
37 años después, sin embargo, el verdugo de la militante de izquierdas ha devuelto al foco mediático. La defensa de los concejales del PP en el Ayuntamiento de Valencia imputados por blanqueo de capitales ha contratado al ultra Hellín. Todo, con el objetivo de que realice una pericial que invalide la grabación telefónica que destapó una trama que implica al grupo municipal popular y a José María Corbín. De hecho, el mismo Corbín pidió hacer una colecta para pagar el asesino de Yolanda González.
Aun así, los negocios como perito del excriminalultraderechista no son nuevos. Desde que El País destapó su identidad falsa, el informático ha participado en los juicios mediáticos del asesinato de los hermanos Bretón, en un caso de espionaje del PP al PSOE en un pequeño municipio andaluz y en la muerte de un letrado relacionado con la mafia georgiana y el narcotráfico gallego. Protegido durante un tiempo por el régimen dictatorial de Alfredo Stroessner en Paraguay, Hellín asesoró a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado con un pseudónimo.
A sueldo de Interior
La confesión del policía implicado en el asesinato de González, Juan Carlos Rodas, al comisario Francisco de Asís destapó la autoría del crimen perpetrado por los militantes de ultraderecha. Hellín fue condenado a 43 años de prisión por matar a la joven militante del PST. Pero sólo acabaría cumpliendo 14. Después de fugarse aprovechando un permiso penitenciario que cuestionó la misma fiscalía y las autoridades carcelarias, Hellín inició sus negocios en el Paraguay del dictador militar Alfredo Stroessner. No en vano, prestó sus servicios de informática al régimen fascista como asesor en telecomunicaciones e informática (1988-1989) del comandante en Jefe del Estado Mayor del Ejército y del director general de la policía del país latinoamericano. Hellín, finalmente, fue entregado a la justicia española en 1990.
Cuando el asesino de extrema derecha salió de la prisión, creó una serie de empresas para aprovechar sus conocimientos de informática y los contactos con los diferentes cuerpos de seguridad del Estado. Su hermano, Juan José Hellín, es Guardia Civil y militar de carrera sin ir más lejos. Además, el ultra había presumido de sus relaciones con la Brigada Operativa de la policía española en un contexto donde los vínculos entre la ultraderecha y los sectores de las fuerzas de seguridad más recalcitrantes eran habituales.
Hellín impulsó las mercantiles Net Computer Forensics S.L., Net Computer Store y New Technologics Forensics con la identidad falsa de Luis Enrique Hellín Moro. A pesar de ser apoderado de Net Computer Forensics, según los datos consultados por este semanario, en la web de la sociedad no aparece su nombre entre el equipo forense. En cambio, el de su hermano sí que está.
Estas empresas, según admitió el mismo Ministerio de Interior, asesoraron el servicio de criminalística del instituto armado, participaron en investigaciones judiciales sobre terrorismo y delincuencia e impartieron cursos a la policía española, el Ministerio de Defensa, la Ertzaintzay los Mossos d’Esquadra. También dieron conferencias a las fuerzas de seguridad estatales en organismos oficiales.
El descubrimiento de estos vínculos entre el excriminal y el Ministerio de Interior provocó las quejas de los familiares y amigos de González. En una reunión con el ministro competente, el salpicado por las cloacas del Estado contra Cataluña Jorge Fernández Díaz, les informó que el exmilitante de Fuerza Nueva había facturado en 15 ocasiones al Gobierno español entre los años 2006 y 2011 por un valor de 144.000 euros. «No nos enseñó ninguna factura oficial, ni nos entregó ninguna documentación. Nos lo dijo de palabra», recuerda de forma crítica a EL TEMPS Enrique del Olmo, amigo de la víctima asesinada por la extrema derecha. «La documentación, además, tenía poco rigor. Una de las empresas que nos nombraron no existía», denuncia, tal como censuró en aquel momento Asier González, hermano de la militante del PST.
Las promesas del exsecretario de Estado de Seguridad y ahora manchado por la guerra policial entre excomisarios de la brigada política contra el proceso, Francisco Martínez, de seguir investigando aquel turbio asunto no se han cumplido. Esquerra Republicana de Cataluña y Izquierda Unida exigieron explicaciones sobre aquellas contrataciones. Sin respuesta a los grupos parlamentarios y sin conocimiento que la investigación de Interior fuera más extensa de la realizada en aquel momento, el PP vetó en el Congreso la comparecencia de Fernández Díaz para dar más detalles del asesoramiento del asesino a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en 2014.
Pero no sólo asesoró a los cuerpos superiores de seguridad. El ultra de extrema derecha también enseñó a la policía local de Madrid. Hellín fue profesor del Centro Integral de Formación de Seguridad y Emergencias. El organismo, dependiente del Ayuntamiento de Madrid, lo contrató en 2011, con el popular Alberto Ruiz Gallardón como alcalde. Gallardón, que fue ministro de Justicia desde finales del 2011 hasta 2014, llevó el ataúd del ex-ministro franquista José Utrera Molina. El asesino de González cobró 80 euros por clase impartida, con un total de 2.000 euros percibidos por 25 clases. La policía local onubense también recibió docencia del ultra a través de dos cursos de formación organizados por la Diputación onubense en 2007, en manos del PSOE.
Asesinatos, espionaje y lavado de dinero
Hellín, además, también es un asiduo de los juzgados. Eso sí, no por causas judiciales pendientes. El ultra ofrece a través de sus empresas servicios de peritación. La causa de más renombre en la cual participó fue el asesinato de los hermanos Bretón, a manos de su padre. La acusación particular del caso lo contrató para realizar una investigación de las llamadas de José Bretón, el progenitor que mató a sus dos hijos pequeños.
El exmilitante de Fuerza Nueva también fue protagonista en otro juicio con muertos. Hellín junto con su hijo, Jesús Hellín –con una condena por abusos sexuales a una menor a las espaldas-, presentaron un informe para exculpar a los verdugos del abogado Alfonso Díaz Moñux. El letrado recibió varios disparos cuando entraba en su garaje. Díaz Moñux había representado legalmente a narcotraficantes gallegos como por ejemplo Laureano Oubiña -el día del asesinato lo pasó con la hija del capo- y a miembros de la mafia georgiana cómo Zakhar Kalashov.
Los servicios del ultraderechista han ido más allá de la peritación, del asesoramiento y de impartir conferencias como por ejemplo las realizadas en unas jornadas de la Universidad Autónoma de Madrid en 2012. Hellín espió al secretario general del PSOE de Valverde del Camino, Pedro Domínguez, a petición de la alcaldesa del PP, Dolores López Gabarro. Según denunció Domínguez, «no entendía como se dedicaba dinero público a investigar la vida privada de un funcionario y ciudadano». A pesar de exigir el coste de aquellos servicios de espionaje, la alcaldesa no hizo públicas las cifras.
Esta semana Hellín ha vuelto a ser protagonista por el caso Taula. «Una vez más un asesino convicto y confeso, miembro del ultraderechista Batallón Vasco Español y de Fuerza Nueva, condenado a 43 años por secuestro, tortura y asesinato de una joven de 19 años, sigue prestando servicios por instituciones y altas esferas del poder», han criticado los familiares y amigos de la víctima. «Exigimos una vez más que se pare inmediatamente cualquier tipo de contratación de Emilio Hellín Moro para causas judiciales, instituciones y cuerpos de seguridad del Estado», han solicitado. El asesino de ultraderecha, sin embargo, sigue impasible con sus negocios.
Moisés Pérez
Fuente: El Temps 


martes, 21 de noviembre de 2017

Fernán Gómez, escuela ácrata



En su dilatada trayectoria, existen muchos guiños de Fernán Gómez al mundo libertario, bien por sus películas o por sus obras.

Cuando el 21 de noviembre de 2007 fallecía Fernando Fernán Gómez hubo un hecho que llamó la atención. En el Teatro Español, donde se situó su capilla ardiente, el féretro del actor, dramaturgo y escritor de voz grave estaba cubierto con una bandera rojinegra: la bandera anarquista.

Y no era para menos, pues Fernán Gómez siempre mostró simpatía hacia los ideales libertarios que conoció en la España de la década de los años 30, cuando empezaba ya a apuntar a lo que iba a ser posteriormente.

Aunque nacido en Lima en 1921, muy pronto se trasladó a Madrid, y en la capital de España vivió los años republicanos y la Guerra Civil. No se puede decir en ningún caso que la familia de Fernán Gómez tuviera una vinculación política con la izquierda. A esto escapaba un tío suyo, afiliado a la CNT, por el cual Fernán Gómez comenzó a conocer qué era aquello del anarquismo.

Y aunque la Guerra Civil no fue un periodo fácil, y menos para una familia de actores, gracias a la CNT los espectáculos públicos se reorganizaron y muchos de ellos pudieron trabajar. Lo hizo la madre de Fernando, Carola, en el teatro Alcázar.

Pero él lo hizo también, cuando, afiliado ya a la CNT, entró a formar parte de la Escuela de Actores de la organización anarcosindicalista, bajo la dirección de Valentín de Pedro, uno de los más importantes intelectuales libertarios de la época, y su compañera María Boixader. Dos personajes que marcaron la vida del propio Fernán Gómez, que en aquella época comenzó a forjar una profunda cultura gracias también a la biblioteca que la CNT tenía en uno de los locales incautados por los anarquistas y que frecuentaba el actor. Además, en esta época conoce a quien será uno de sus grandes amigos, el también actor Manuel Alexandre. Tampoco se puede olvidar en este punto a Fernando Collado, que por entonces dirigía uno de los sindicatos de la CNT en el Madrid sitiado y con el que posteriormente coincidirá en el mundo el cine.

Esa carrera de actor que había empezado en los locales de la CNT y su Escuela de Actores quedó truncada con el final de la Guerra Civil. El joven actor asistió al consejo de guerra que condenó a muerte (luego conmutada) a Valentín de Pedro, su maestro. En ese mismo consejo de guerra fueron condenados el periodista y escritor republicano Diego San José y el redactor de CNT y luego de El Sindicalista Carlos Rivero.

Pasaje de este juicio nos lo legó el propio Fernán Gómez en sus memorias El tiempo amarillo, y también el propio Diego San José en su excepcional De cárcel en cárcel. Y aunque los años de la dictadura cayeron como plomo sobre todos, la vida de Fernando Fernán Gómez en ese tiempo se centró en su carrera como actor.

Tras la muerte de Franco encontramos a Fernando Fernán Gómez en las Jornadas Libertarias de Barcelona de 1977. Su compromiso con el movimiento libertario siempre estuvo presente, tanto para él como para su compañera, Emma Cohen.

Su atronador “¡No a la guerra!” en la manifestación de Madrid en febrero de 2003, así como sus constantes guiños a la causa libertaria, hicieron de Fernán Gómez una referencia en el campo libertario, más por su compromiso personal que militante.

A lo largo de su dilatada historia existen muchos guiños de Fernán Gómez al mundo libertario, bien por sus películas o por sus obras. Su amistad con el periodista Eduardo de Guzmán le hizo llevar a la pantalla la película Mi hija Hildegart, basada en la obra Aurora de sangre, que cuenta la historia sorprendente y poco conocida de Hildegart Rodríguez Carballeira, recreando parte del mundo cultural libertario de la Segunda República.

O en Las bicicletas son para el verano, escrita en 1977 y llevada al cine por Jaime Chávarri en 1984, en la que aparecen varios cenetistas. En ella Fernando dejó muy claro, por su propia experiencia, que en 1939 no llegó la paz, sino la victoria, quizá recordando el triste destino de su maestro Valentín de Pedro, entre otros muchos.


miércoles, 15 de noviembre de 2017

Sí, todavía franquismo



Nada demuestra más  la persistencia del franquismo sociológico que un editorial de El país diciendo que no existe el fascismo sociológico.

Vuelve a la carga El país a hacerle el trabajo al pasado. Dice que Franco ha muerto y que recuperar los parecidos hoy con el pasado es un delirio. No me extraña que les haya hecho gracia repetir las palabras de Arias Navarro en 1975.  Es el diario del régimen del 78. Para bien y para mal. Y por eso da hoy tanto bochorno. Solían guardar mejor las formas. No en vano, Fraga fue fundador de ese periódico y la crítica al franquismo siempre tuvo límites. Algo tiene que ver que su estela siempre ha sido la de los vencedores de la guerra. Incluidas sus incorporaciones al consejo editorial. Felipe González no movió un dedo para que los 200.000 fusilados por Franco tuvieran una sepultura digna.

Explicamos en la ciencia política (y politólogos como Ignacio Torreblanca, que también está en el consejo editorial del diario debiera saberlo) que el presente no puede explicarse sin la “dependencia de la trayectoria” (path dependence). Querer dejar de mirar en el pasado es una oferta de mentirosos que quieren hurtar claves para entender los acontecimientos. El ascenso de la extrema derecha en Alemania regresó a los medios el pasado nazi y la entrada en el Parlamento de Allianz für Deutchsland llenó los periódicos de recordatorios de 1933. Lo mismo en Italia con los neofascistas de Fuerza Nueva o del Movimiento Social o en Grecia con Amanecer Dorado. Pero en España, dice El país, hablar de Franco es de enemigos de la patria. De su patria, claro. Tampoco le gusta al grupo PRISA que se hable de Cebrián y los papeles de Panamá. Han echado a periodistas de sus tertulias por hacerlo. Siempre han dictado de qué se podía hablar y de qué no.

Nadie en su sano juicio va a decir que la España actual es como la España de Franco. Estaría bueno.  Tampoco se dice que la Alemania de Merkel sea nazi, pero si crece la extrema derecha, se mira al pasado y la reflexión es: algo hemos hecho mal cuando estos criminales no se han ido definitivamente. En España es más evidente, porque cada mañana hay 114.000 desaparecidos, asesinados por Franco -ese que ha muerto- que siguen gritando a nuestra democracia que quieren una sepultura digna para que sus familiares sepan qué fue de ellos y dónde están. Pero ni el PSOE ni el PP ni Ciudadanos tienen el más mínimo interés por recuperar esos cadáveres. Sinvergüenzas de esos partidos, como Pablo Casado o Rafael Hernando, dicen que eso son batallitas del abuelo o una búsqueda de negocio de las víctimas. No como las asociaciones de víctimas del PP, que destacan por su altruismo. A Rivera le molesta que hablemos del pasado, porque su partido cada día huele más a falangismo.

Cuando vemos amenazada la democracia, tenemos que mirar a nuestro pasado por dos cosas: primero, porque mirar a lo que ya pasó nos ayuda a entender lo que está pasando y nos da pistas para interpretar el presente; en segundo lugar,  porque cuando se amenaza la convivencia democrática, es bastante fácil que lo que ocurra se parezca a cosas que ya nos ocurrieron. Se trata de no desperdiciar la experiencia, como dice Boaventura de Sousa Santos. Si detienen a unos titiriteros, a unos raperos o a unos políticos, debemos saber que en España hemos encarcelado en otros tiempos a los que hacían teatro contra el régimen, a los que cantaban al viento y a la libertad y hemos levantado cárceles solo para meter a los enemigos del franquismo.  Y también podríamos recordar que, como advirtió el mismo Pablo Casado que podía volver a ocurrir, hemos fusilado a gente que luchaba por el reconocimiento de Catalunya como una nación (dentro de la República española) y que lo hicieron sin violencia. Lo que pasa es que los parecidos con el pasado escuecen porque quitan mucha legitimidad a nuestra democracia. Eso es lo que les molesta a los de El país.

En esos encarcelamientos siempre contó el franquismo con un poder judicial comprometido con el régimen del 18 de julio. Los mismos jueces del franquismo pasaron a ser jueces de la democracia, y aunque el poder judicial es evidente que se ha democratizado, una parte sigue rehén de su pasado. Pero lo realmente grave es  la costumbre de la política de inmiscuirse en los asuntos judiciales. Esa no la hemos perdido. Le recuerdo a El país que el Parlamento ha reprobado el Ministro de Justicia y al Fiscal General del Estado. Y que ni han dimitido ni han sido cesados. Y que políticos corruptos quieren a determinados jueces, y que dicen si no habría que pegarle dos tiros a los jueces desobedientes (¿alguien  se imagina que dieran libertad provisional a alguien vinculado a Podemos que dijera que había que pegarle dos tiros a un juez, como ha hecho con Ignacio González?). Eso se llama franquismo sociológico.

El franquismo siguió la estela canovista de inventarse una España falsa que vendría de los visigodos y sancionaron los Reyes Católicos. Es tan falsa esa historia que no les basta para hacerla real con la propaganda. Siempre la han completado con fusilamientos. No en vano, tanto Cánovas como Franco como la Constitución de 1978 le entrega al ejército, negro sobre blanco, la defensa de la “unidad territorial de España”.  Y por eso, desde la Restauración canovista, toda esta historia llena de mentiras viene con Rey -jefe de las fuerzas armadas- , incluida la etapa franquista porque con Franco, ese muerto, también éramos un Reino. ¿Por qué no quiere El país que nos acordemos de estas cosas? Tenemos una herida territorial que solamente vamos a cerrarla cuando los catalanes puedan decidir formar parte -o no- de una España federal que zanje esa discusión que nos lleva enredando siglos. Cuanto más tardemos, más catalanes habrá que no quieran estar con nosotros. A los golpes se construye poco cariño.

Tenemos también una herida social, que arrastramos desde el pistolerismo de la patronal a comienzos del siglo XX, y una herida ciudadana, con una esfera pública débil, arrastrada por nuestra condición de país de la Inquisiciónal que nunca le interesó construir otra cosa que catolicismo integral y obediencia política a la monarquía. Hasta la invasión francesa de 1808 no empezamos a pensarnos como nación española. O entendemos esto, o no vamos a entender nunca a España.

Se entiendo mejor la policía política creada por el PP si pensamos en lo que aún permanece del franquismo. Se entiende mejor el “a por ellos” que algunos españoles cantaban a la policía que iba a Catalunya pidiéndoles que reprimieran con dureza a otros españoles. Se entiende mejor por qué alguien golpea a otro en la cabeza con la bandera española o por qué te dan una paliza si no gritas a la orden de unos energúmenos ¡Viva España! Se entiende mejor que Rajoy siga siendo Presidente pese a sus sobresueldos o sus sms a detenidos si entendemos que aún pesa el franquismo sociológico y que los medios hacen mal su trabajo cuando hay periodistas corruptos protagonizando programas y tertulias, que haya políticos que enseñan facturas falsas en sus ruedas de prensa o por qué volvemos, tan pronto, a invitar a maltratadores a la televisión como si fueran estrellas . Franquismo sociológico. Entenderíamos mejor nuestras “puertas giratorias” si supiéramos de las familias del poder que llevan mandando desde el siglo pasado (podríamos citar a los Botín, accionistas por cierto de El país). Y entenderíamos mejor los ataques furibundos de El país a Podemos si entendiéramos que nuestra democracia tiene débiles mimbres porque nunca hemos discutido la actual Constitución en un país donde hay 23 millones de españoles que ya no es que no la discutiéramos -que nadie lo hizo- sino que ni siquiera la votamos.

Siga El país con su deriva. Que nosotros seguiremos recordando lo que aún pesa del franquismo en España -y en Catalunya- para que esa gente, que lleva los mismos apellidos que los que mandaron durante el franquismo, no vuelvan a robarnos la democracia.


sábado, 11 de noviembre de 2017

Biófilo Panclasta, anarquista individualista colombiano.


                                         
Vicente Rojas Lizcano (ChinácotaColombia1879 – Pamplona, Colombia, 1943), llamado Biófilo Panclasta, fue un escritoractivista político y anarquista individualista colombiano. En 1904 comenzó a utilizar el seudónimo con el que sería reconocido: Biófilo, amante de la vida, y Panclasta, enemigo de todo.  Estuvo en más de cincuenta países avivando las ideas anarquistas y participando en manifestaciones obreras y sindicales, en las que pudo entablar amistad con personajes como KropotkinMáximo Gorki y Lenin.

Primeros años
Hijo de Bernardo Rojas y Simona Lizcano, una mujer obrera, Biófilo inicia sus estudios en el Bachillerato de Pamplona, ciudad cercana a Chinácota. De 1897 a 1898 ingresa a la Escuela Normal de Bucaramanga, de la que es expulsado por crear un pequeño periódico que se manifestaba en contra de la reelección del presidente Miguel Antonio Caro.
Participación en la revolución venezolana
En 1899 deja la escuela y viaja a Venezuela y, junto con Eleazar López Contreras, funda la primera Escuela Pública en la población de Capacho Nuevo,capital del municipio Independencia (Estado Táchira). Ese mismo año se enrola en el ejército del militar venezolano Cipriano Castro al frente de la Revolución Restauradora, quien tenía como objetivo derrocar al presidente Ignacio Andrade. Pronto se aleja de sus huestes y viaja por Venezuela en compañía de otros grupos revolucionarios que merodeaban Trujillo, Portuguesa, Cojedes y Carabobo. A la ciudad de Valencia llega en enero de 1900. En noviembre de 1904 se traslada a la ciudad colombiana de Barranquilla, en calidad de coronel del ejército de Cipriano Castro; ofrece sus servicios como militar en respaldo de las fuerzas colombianas que combaten a los separatistas panameños apoyados por los Estados Unidos. 

Primeros contactos con el anarquismo

En 1906 viaja a Buenos Aires, en Argentina. Allí comienza sus contactos con el pensamiento anarquista y socialista, asistiendo a reuniones y escribiendo en periódicos especializados. Ese mismo año parte para Europacomo delegado de la Federación Obrera Regional Argentina al congreso obrero de Ámsterdam.  En Holanda es invitado por el grupo Estudios Sociales para que refute una conferencia de Bestraud titulada La anarquía contra la vida.

Actividad revolucionaria en Colombia

En 1908 es desterrado de España por petición del presidente colombiano Rafael Reyes. Llega a Puerto Colombia con el fin de seguir luego a Bogotá; sin embargo, opta por viajar y refugiarse en Panamá, de donde es nuevamente desterrado por orden de Rafael Reyes. Es entregado en calidad de preso a las autoridades colombianas.  De ahí en adelante Biófilo Panclasta sale de una cárcel para entrar en otra: estuvo preso en Cartagena (1909), Barranquilla (1910) y Bogotá (1911). Algunos organismos nacionales como el periódico Maquetas pidieron para él la pena de muerte, por considerarlo una persona perturbadora del orden.

Retorno a Venezuela: Cárcel de Valencia

“Los presos, que me habían visto, penetrar a la celda, tuvieron cuidado al entrar de no tropezar con mi cuerpo desfallecido y frío. Uno de ellos, palpó con su mano, mis carnes que no estremecieron, porque ya todo lo había sufrido del dolor y al observar que ni me movía, ni hablaba, exclamó entristecida y quedamente: 'a éste, lo colgaron en la Policía y lo trajeron a morir aquí'”  
Biófilo regresa a la ciudad venezolana de Valencia en 1914. Allí es apresado por realizar un discurso en una plaza pública, ensalzando a la nación francesa, días después que hubiese iniciado la Primera Guerra Mundial. En realidad, fue puesto preso por órdenes de personas leales al presidente Juan Vicente Gómez, quien había sucedido a Cipriano Castro, amigo de Panclasta, luego de un golpe de Estado. Durante los siete años que estuvo encarcelado, Biófilo pasó trabajos, penurias y hambre, según fuesen los deseos del alcaide de turno. Compartió sus años en prisión con diversos presos políticos venezolanos, muchos de los cuales murieron en esa cárcel. En 1921, bajo la tutela de un alcaide asignado por el recién nombrado gobernador del Estado de Carabobo José Antonio Baldó, Biófilo fue trasladado al Castillo Libertador, donde es tratado humanamente y liberado a los pocos meses.

Actividad revolucionaria en el mundo

En 1923, dos años después de haber salido de la cárcel de Valencia, Biófilo es nombrado delegado de la Asociación Anarquista Mexicana, por lo que viaja a Barcelona para participar en un congreso. Allí propone un proyecto denominado Operación Europa, el cual consiste en:
“[...] la formación de un comité internacional encargado de ordenar, planear y ejecutar en un mismo día el asesinato del zar de Bulgaria, el emperador de Inglaterra, del rey de Italia, del rey de Egipto, el arzobispo de México, del presidente de Francia, del cardenal arzobispo de Toledo y de Léon Daudet.” 
Al año Siguiente viaja a São Paulo con el fin de organizar una huelga de cafeteros, pero es nuevamente encarcelado y trasladado a la ciudad de Cayena, de donde se fuga. La Liga do los Derechos del Hombre lo envía a la isla de Martinica; luego de visitar fugazmente cincuenta y dos países regresa a Colombia. Allí es nuevamente apresado junto con el sindicalista Raúl Mahecha, en la ciudad de San Gil. Al año siguiente funda en Bogotá el Centro de Unión y Acción Revolucionaria cuyo lema es: ¡Revolucionarios de todos los ideales, uníos!.

Últimos años

En 1934, Biófilo Panclasta se une a Julia Ruiz, una conocida pitonisa que laboraba en Bogotá. Se concentra en escribir para periódicos y conceder entrevistas, así como enviar cartas a varios presidentes de Latinoamérica. En enero de 1939 muere su compañera. Un año después, Biófilo intenta suicidarse en Barranquilla electrocutándose con los cables de la luz y degollándose con una navaja.  En diciembre de ese mismo año, la policía de Bucaramanga decreta su expulsión de esta ciudad, por vago y alcohólico. El 1 de marzo de 1943, Biófilo Panclasta muere en el Asilo de Ancianos de Pamplona a las diez de la mañana víctima de un fulminante paro cardíaco.